El duelo más allá de la pérdida de un ser querido: duelos silenciosos y su impacto

Cuando hablamos del duelo, casi siempre terminamos especificándolo como la pérdida de un ser querido y los efectos desequilibrantes ante la ausencia del mismo en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, existen duelos que pocas veces hablamos y su presencia es también relevante para las personas pero que, por una u otra situación, son poco visibilizados y tratados como tal.

Son llamados duelos silenciosos cuando se presentan situaciones atípicas, es decir, duelos que no aparecen de manera regular en la vida cotidiana de las personas. Podríamos hablar del caso de los despidos, divorcios, la muerte de una mascota, la pérdida de un hogar, la aparición de una enfermedad, una relación no autorizada, entre muchas otras.

Estas situaciones que son irregulares en la cotidianidad, muchas veces no tienen el peso necesario para reconocerlos, respetarlos o sentirlos y terminan en un aura de estigmatización social, olvidados e invalidados por la sociedad, considerándolos como inverosímiles. La falta de un conocimiento sobre este tipo de duelos genera que no haya respeto sobre las personas que los viven, derivando en una naturalización del dolor de forma superficial. Este tipo de duelos también son conocidos como duelos invisibles o duelos desautorizados.

Cuando no se les otorga la importancia que realmente deben de tener, son mencionados como elementos poco significativos y de irrelevancia para la vida de las personas, por lo que terminan por construirse duelos estigmatizados, superficiales y carentes de emociones válidas. El impacto en las personas que desarrollan este tipo de duelos es crítica debido a que sus pensamientos y sentimientos son rezagados y manipulados para evitar los estereotipos construidos alrededor de su situación.

Tenemos que recordar un punto importante del duelo: se trata de un proceso activo que apremia a las personas a sentir las emociones generadas por el duelo, reajustar sus vidas, sus identidades, sus rutinas, encontrar un lugar donde el recuerdo permita avanzar y aceptando que esa situación ha pasado. Por eso el duelo es un proceso completamente normal en la vida de las personas donde los factores biológicos, psicológicos, sociales, espirituales y trascendentales constituyen un puente para comprender mejor la percepción que se tiene sobre el duelo silenciado.

Si pensamos, por ejemplo, de situaciones como un divorcio, debemos afrontar la experiencia de perder una relación y adaptarnos a los cambios en la interacción con esa persona y su entorno, con quienes alguna vez decidimos formar un núcleo familiar. Estos hechos, lejos de ser simples, surgen a partir de una red compleja de situaciones que requieren pasos concretos para recuperar la vida cotidiana. Por ejemplo, establecer nuevas rutinas, buscar apoyo emocional o redefinir roles familiares son algunos de los pasos necesarios para superar el proceso y avanzar tras un divorcio.

Cuando nos enfrentamos, por ejemplo, a la muerte de una mascota, es común que el sentimiento de pérdida sea minimizado o poco valorado por quienes nos rodean. Existe una creencia tradicional o desactualizada que considera a los animales como seres no sintientes; bajo este argumento, se piensa que el dolor por perderlos no puede compararse con el de perder a una persona, lo que lleva a ver esa relación como algo sin trascendencia ni afecto. Sin embargo, según el estudio de Molina y Vélez (2023), las personas experimentan síntomas de duelo similares tras la pérdida de una mascota que tras la pérdida de un ser humano cercano, lo que evidencia la profundidad del vínculo afectivo. Las relaciones significativas no solo se dan entre humanos; pueden establecerse con otros seres vivos que forman parte de nuestra vida y memoria, como las mascotas; es decir, momentos, rutinas y experiencias que construimos junto a ellas, mientras que la “biosfera” alude al entorno vital en el que interactuamos y generamos lazos afectivos con diferentes seres vivos.

Recibir un diagnóstico de cáncer es como si el tiempo se detuviera por un instante, dejando que el peso de la noticia caiga sobre los hombros con una fuerza abrumadora. Imagina que el médico te mire a los ojos, con voz serena pero firme, te diga que padeces cáncer. Salir del consultorio con la mente llena de preguntas y una sensación extraña en el estómago, como si el mundo que conocía hubiera cambiado de forma irremediable.

La mente comienza a llenarse de escenarios: ¿Podré seguir trabajando?, ¿Qué pasará con mis proyectos?, ¿Seré una carga para mi familia?, ¿El dolor físico será insoportable? Surgen miedos racionales e irracionales, acompañados de una oleada de expectativas y dudas. Todo se mezcla en una vorágine que dificulta encontrar respuestas, y uno se pregunta si es posible volver a construir memorias felices o si la vida, tal como la conocía, ha llegado a su fin.

Esto se suma a la tendencia de las personas que intentan animar a la persona obligando o insistiendo que la mejor manera de afrontar esta situación es no pensar, no hablar del tema (conspiración del silencio) y construir una idea de que todo estará bien y habrá que tener fe para que podamos trascender esta horrible situación.

Otra situación muy común es el duelo de amistades. Aprendemos socioculturalmente que las amistades deben durar toda la vida, pero en la práctica esto no siempre es así. Por ejemplo, cuando cambiamos de ciudad o de trabajo, es común que algunas amistades se diluyan con el tiempo, lo cual puede generar tristeza pero también abrir espacio para nuevas experiencias y personas en nuestra vida. Perder una amistad, alejarnos o dejar de coincidir como antes también es parte de la vida y está bien; no tiene nada de malo esta situación.

Las amistades se agradecen porque nos acompañaron en una parte importante de nuestra historia y nos favorecieron de distintas maneras. Tal vez hoy nos distanciamos porque perseguimos distintos objetivos o construimos caminos separados, lo cual no significa que esa amistad no haya valido la pena ni tampoco que no haya sido trascendental en su momento.

El proceso del duelo, aunque dolorosa, brinda una gran oportunidad de autoconocimiento al permitir identificar nuestros pensamientos, emociones, conductas y la manera en cómo interpretamos el mundo. Nos permite, además, observar nuestro sentir y regularlo de manera más efectiva, lo que permite también cuestionar nuestras creencias y valorar logros cotidianos que permitan recuperar nuestro equilibrio. El duelo tiene tanto componente individual como colectivo y desarrollarlo en esta dinámica, favorece la aparición de empatía y facilita la regulación emocional, permitiendo crecer personalmente, flexibilizar nuestros pensamientos generando estrategias de afrontamiento más asertivas.

No debemos restar la importancia, como tampoco minimizar el dolor de los demás. Los duelos no son recetas de cocina que tengan que seguir de manera determinista para todas las personas. Hay variaciones de acuerdo a su personalidad, el vínculo con ese ser o situación por la cual atraviesa su pérdida. Debemos aprender a acompañar al dolor, no discriminar ni rehuir al dolor como si se trata de un síntoma maligno al que hay que evitar a cualquier costa.

Debemos de darnos el tiempo de expresar lo que pensamos, sentir nuestras emociones no rehuir de ellas; aprender lo que intentan decirnos nuestras emociones; identificar aquellos pensamientos rumiativos para estructurar pensamientos alternativos y flexibles que favorezcan nuestro bienestar. AL mismo tiempo, esto nos permitirá aprender sobre las sensaciones físicas normales que experimentamos durante nuestro proceso de duelo como lo son el llanto, poca energía, falta o incremento de apetito, alteraciones de sueño, entre otras. Comprender estas sensaciones físicas nos permitirá afrontar el proceso del duelo de manera más saludable.

No huyas del dolor, este no es un enemigo sino una puerta que nos da la oportunidad de reconstruirnos, reaprender y avanzar en nuestro día a día.

Y recuerda, no estás solo/a en este proceso; también se vale pedir ayuda, porque juntos, como colectividad, podemos avanzar de manera más sólida, empática y segura en la construcción de nuestro propio duelo.

Recuerda que no estás sol@ y puedes siempre solicitar ayuda cuando no sepas qué hacer.

Bibliografía:

Molina-Valencia, M y Vélez-Pabón, S. (2023). El duelo por mascota, experiencia y vivencia de los adultos ante la pérdida de su amigo de cuatro patas, [Trabajo de grado profesional]. Universidad Cooperativa de Colombia. https://repository.ucc.edu.co/server/api/core/bitstreams/a647a717-f88f-4cf4-a6a1-c979a47f2ad5/content

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