DELIRIOS VESPERTINOS (Agosto 5. Desaparición Forzada)

Los días se vuelven humo. Las sonrisas cambian perpetuamente. Soledades que pierden el sentido de caminar. Memorias que recuerdan y laceran. Los días que pasan y el sonido que no vuelve…

 

Se busca tanto una pacificación que, en su trascurso, la moralidad, la razón, se trata de vender como una panacea de avance donde poco o nada comprenden sobre el dolor causado. Más allá de las políticas convencionales, la reparación a los familiares de víctimas de desaparición forzada sigue siendo un tema sin resolución por parte del Estado: hay una guerra de baja intensidad que pretende, mediante el desgaste, cansar las fuerzas de los familiares que luchan, caminan y resisten por saber el paradero de su ser querido. Mientras una parte de la sociedad y una gran mayoría de la clase política se vuelve beligerante ante el recuerdo que mata, lacera, victimiza. Se habla y se discute desde la partidocracia y los elementos que confrontan un estado de derecho muy alejado de los verdaderos sentimientos que emana de una parte importante de la población. ¿Quiénes son para jugar con el dolor de las familias? ¿Por qué se sigue solapado la clase política involucrada con las desapariciones?

El gobierno entrante debe de analizar profundamente que lo hecho por las anteriores administraciones ha servido para profundizar la herida en las familias, dado a conocer que las administraciones han fraguado, bajo actos de grandes corrupciones y proyectos económicos, la desaparición sistematizada de personas a lo largo y ancho del país. Demostraron que las prácticas de la guerra sucia seguían y seguirán, al parecer, marcando las admiraciones priistas como la intolerancia de la tolerante democracia. Por más que esos esfuerzos pintados de ceguera trabajaban, de la noche a la mañana, del crepúsculo al amanecer la aparición de fosas sigue estando presente ¿Con qué derecho puede mantener el termino de funcionario, si la funcionalidad está al servicio de los grandes monopolios internacionales? ¿Cómo es posible, de qué manera, puede una autoridad pedir paciencia, exigir que no se intervenga, justificarse bajo la argumentación de poco personal, cuando han sido las mismas familias quienes han salido con el sol en su espalda, las manos marchitas de andar y andar con las varillas y analizando la tierra para encontrar a los suyos?

No solo se trata de la creación (además cayendo en la atropelladísima novela sisifesca) de una moralidad del traje del nuevo orden. Necesita que repensarse desde un marco legal que proteja en todo momento a los familiares, comitivas de investigación apoyadas y organizadas en función de la evidencia y no del descarte históricamente vilipendiado por el burocratismo. Se necesita, bajo una constante que ese marco legal reestructure, en primera instancia a personal capacitado en el tema, sensibilizado sobre las reacciones fundamentales y la forma de contener los momentos específicos relacionados al estrés que genera actos como la desaparición. Al mismo tiempo, sea el Estado garante de una reparación social, de salud, seguridad genuina y eficiente a las familias, abordaje de acompañamiento e interdisciplinario que facilite a las personas afrontar de la mejor manera hechos tan lamentables como las desapariciones. No solo se trata de un buen vivir, de trata que del vivir presente se tiene poco y del no vivir se habla en demasía. Los protocolos de acción se encuentran naturalizados ante la ola de violencia y las autoridades ¿No harán nada para detenerlo? Modificar la estrategia contra el narcotráfico implica necesariamente la reestructuración social, de las propias instituciones públicas marginadas y laceradas por la corrupción. Se necesita menos preguntas y más acciones que den respuestas. Y al mismo tiempo, el acercamiento de la sociedad civil y los grandes márgenes de solidaridad que ocurre, escasean, cuando la verdadera cara de la realidad, estremece a los corazones. Se necesita investigación, acercamiento a las realidades, inmersión a la boca del lobo para conocer sus fauces y los modos de detener esa vorágine de violencia desenfrenada. Que la frase no están solos, permee más allá de una consigna y sea una acción real, firme.

Mientras se sigue dando vuelta y vueltas a esa reflexión desde estos delirios sabemos, que las palabras se secan ante la inexpresión de seguir hablando y las resoluciones, parecen, quedar todavía muy lejos, ser una burla de la historia para con su pasado y presente. Desde el Centro Comunitario Martín-Baró nos unimos a la denuncia, nos unimos al dolor, nos ponemos a la disposición de las familias de desaparecidos. Estos delirios sirvan, como una memoria para quienes estando en sus hogares sepan que unidos, y sólo unidos y acompañados, haremos justicia. Lo juramos.

¡Porque vivos se los llevaron, Vivos los queremos!

¡Justicia!

¡Reparación a las familias de víctimas de desaparición forzada!

¡Ni uno, ni una más!

¡Hasta encontrarles!

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