DELIRIOS VESPERTINOS (DICIEMBRE 2)

“Los delirios… ¿Qué serían de los días sin momentos delirantes, sentipensantes de nuestras realidades de la que nos burlamos, perecemos ante el intento de la formalidad y, sobre todas las cosas, transformamos los cuadros sociales que vaticinan el pesimismo y en algunos casos, con justa razón, el fin de la historia? Pensamos como Baudrillard; sea que también tengamos que pensar en la ausencia de terminaciones, que existen una línea de continuos altas, bajas, tristes, alegres, melancólicas, coléricas, famélicas, taciturnas. Pongámoslos de la siguiente manera, si vamos a tardar en transformar nuestras comunidades y, por lo tanto, nuestras realidades ¿Por qué no reír de ironía desde una realidad tan pinche que trata de robarse nuestro único acto en que somos muy buenos, nuestra alegría? Porque eso sí seremos los menos, aunque seamos los más y ahí, en esa fiesta, los delirios se vuelven cosa seria…”

“Los pueblos originarios pocas veces se olvidan, de poco en poco la hoja de su vida se vuelve prescindible de los gobiernos. Son buenos, y funcionales en tanto cumplan su lucidez como atractivo turístico, posteriormente a este ritual siguen siendo los “sucios, estorbos” y regresan al campo de la invisibilidad. Es más, ni siquiera los candidatos que contienden por la presidencia se encuentran aptos para transformar la realidad, puesto que los pueblos originarios no figuran como pieza fundamental en su “proyecto de nación”; de esos menesteres se han de encargar otros, como históricamente ha sucedido. No olvidemos tampoco, la graciosa parsimonia de la complicidad entre el Estado y empresas privadas en la explotación de recursos naturales, desplazamiento forzado legitimado a través de la violencia, reproducción cultural rentable y otras tantas bellezas que desaparecen las verdaderas tradiciones, costumbres, cosmovisiones de los pueblos originarios, de los pueblos indígenas. No los olvidemos, no los olviden, porque si ellos dejan de existir no habrá destino por el cual valga verdaderamente la pena luchar.”

“La Ley de Seguridad Interior está pinche, pero pinche pinche. Al menos eso decía la abuela de vez en vez cuando se nos iba de las manos lo absurdo y, por arte de magia, lo convertíamos en realidades. Porque no solo es la depreciación de los movimientos sociales. Eso aún es quedarse corto; se trata de colocar al país en un hilo demasiado peligroso: existe el riesgo de parecerse cada día más a sinónimas dictaduras militares, encubiertas bajo el manto de la democracia… Mira que chistoso… también las latinoamericanas pasaron por eso mismo… Si no detenemos el avance de esa ley, pero más importante, si no organizamos de manera colectiva, participativa, caeremos en un limbo demasiado peligroso en un viaje sin retorno donde es muy probable, el Caronte, tenga exceso de trabajo…”

“Lo de Temixco se suma a la inculposidad del Estado, su avance cabal que han creado alrededor de su coraza de sátrapas que dejan 1) mal parado al ejército y marina del Estado mexicano y 2) rebela el retroceso del cual pensaban ocultarlo hasta la eternidad en materia de derechos humanos. No se puede avanzar en una ley de seguridad cuando el déficit se hace presente en la violación sistemática de los derechos humanos, que, pareciera, en México existen porque es requisito más no porque se aprecie la vida, a menos que se vista con un precio…”

“Posteriormente a esa situación, la desgarradora historia de los cientos, miles de desaparecidxs en todo el territorio nacional, sumado a los cientos de ejecuciones, asesinatos. Todo ellos con un rasgo de impunidad, de complicidad que no será castigada porque las autoridades aprendieron a ser sordos del tiempo, mudos de la realidad, ciegos de la justicia. Burocratismo que recompensa las acciones que sirven para fortalecer procesos de naturalización donde nada cambia, todo permanece como es y la justicia no se asoma, ni por asombro ante las lágrimas, el dolor, la rabia de los que ahora, sin más que hacer, lloran y recuerdan a sus queridxs…”

“Lo más absurdo de esa ley es, que un Estado que presume a los cuatro vientos de su democracia, de su libertad de elección, su gran culto sobre la prensa libre, la justicia como sinónimo de nación y demás hermosuras de un discurso melifluo, es que sigan pensando que con tantos recursos que puede contar el Estado, la única estrategia o al menos la fundamental en la estrategia sea mediante el despliegue de las fuerzas castrenses. Claro, porque la cultura, educación, el diálogo, actividades recreativas, educación, salud, vivienda, trabajo, alimentación y demás garantes de los individuos no son la causa por la que los derroteros siguen perdiendo a favor de intereses ocultos que sugieren, multimillonarios negocios para los bolsillos de la impunidad.”

“Lo sabíamos, se los dijimos la semana pasada, la abuela se infartó desde que se dio la noticia (en realidad no se asusten, fue la olla de los frijoles la que recibió la poderosa cólera de nuestra intrépida abuela), Nuño el hombre de miles de horas de lectura, dejaba su cargo en la SEP… Claro, claro, también pensamos que, por una vez, se hacía justicia, pero no, de nueva cuenta, la realidad es pinche: va a la dirección de la campaña de Meade por el PRI. Falta hora que como no pudo hacer “ler” a una persona, pretenda hacer “ler” ciento de almas que lo único que pronuncian con excelsa ortografía es J-U-S-T-I-C-I-A.”

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