Hoy es un día por Martín-Baró

“Quizás alguien se pregunte dónde queda entonces el papel activo y creador del profesor. La respuesta es bien simple: no tanto en los problemas tratados como en la manera de abordarlos y de resolverlos. Lo que, si bien se piensa, es mucho.”

Ignacio Martín-Baró

Llegado el día se respira con una nostalgia abrupta, atraviesa el recóndito camino de la memoria para depositarse en el péndulo histórico que visualiza un camino poco transitado. Camino de indefensión estipulado por diferentes corrientes, movimientos que simulan serlo y en la realidad son programas coercitivos que se sirven de la carencia para aprovecharse bajo un fuego fatuo muy bajo, caminos que sin saberlo o sabiendo que lo son pelean tácitamente contra su propia forma endeble destinada al afrontamiento del mito. Uno solo puede voltear para un lado simulando que se toma un respiro de tan arduo trabajo como memorizar el olvido y el trabajo que realizaron para conseguirlo. Aun así queda la sensación de que debió hacerse algo más, de que lo que se hace aún falta por desarrollarlo con mayor amplitud, visualizando una investigación que se combina desde lo comunitario con lo académico, que eso que se llama filosofía de la praxis también convoca a una reflexión de los propios procesos, de las metodologías que poco o nada se argumentan en ellas y los procesos de mejora de calidad se encuentran supeditados por el imaginario subjetivo de experiencias propias cerradas, en algunas ocasiones ante el desarrollo y consecución de procesos más desarrollados.

Hoy se cumple un aniversario luctuoso más desde aquel 16 de noviembre de 1989 cometido por la ignominia que siempre ha de dar las lecciones de la instrumentalización contra todo aquel que piense diferente, contra quien defienda los derechos humanos, porque los únicos derechos que existen y valen son los que se compran a sangre y fuego. Hace ya tanto tiempo que, a Nacho, Nachito le tocó lo que le tuvo que tocar: volvió para siempre en la memoria de cientos, tal vez miles que escucharon sus palabras, visualizaron su camino y en él, y con él apostaron por construir nuevas realidades, rescatando la memoria que se desmemoriza cada tanto en tanto y que impide el avance real y genuino de las sociedades. No podría hablarse de la figura simple y llana de Martín-Baró porque correríamos el riesgo de caer en la mitificación del personaje, como lo advertía Taibo II sobre los héroes y su pérdida humana “al convertir al hombre en bronce” y perder el rumbo de un camino incompleto, sin embargo, enriquecido por los aportes desde las cosmovisiones de cada una de las relaciones identitarias que se tejen alrededor de la praxis comunitaria.

Tampoco pasamos por alto, aunque traten de convertirlo en una especie de Virgilio en algún círculo dantesco, el hecho de la invisibilización de Nachito de las academias: espectro que fulgura con luz propia, muy densa que afecta lo política correcto de la academia y sus intelectuales, para quienes los procesos culturales-comunitarios les son desconocidos o indiferentes, en el mejor de los casos, ignorados por cuestiones de funcionalidad ante una determinada clase social, dejando al estudiante con un margen de acción nulo, equivocado, contrarrestando por si fuera poco su experiencia a la suerte de quien en nada habrá de interesarse en algunos casos por cuestiones comunitarias. Esta quizás sea la ruptura más trascendental al borrar de las universidades la acción práctica, crítica y comprometida desde la psicología a sabiendas que ha sido la psicología quien ha aportado mayores herramientas para la dominación, manipulación y control hacia las redes sociales promovidas por las estructuras del Estado. Esa figura se vuelve grande cuando de resistencias y críticas desde la psicología se hace presente, Martín-Baró y la reivindicación incompleta, pero urgente desde el interior de una psicología que agoniza porque es un método sin autonomía responsable de grandes carencias y pocos aportes trascendentales. Desde ahí, Nacho se nos acerca y con un coño o carajo, o ambos, nos recuerda que ese camino inhóspito es nuestra configuración que podemos hacer, que es válida de transformar, de recrear, pero sobro todas las cosas, que deben de realizarse esfuerzos por encaminar a la psicología, a lxs psicòlogxs de cualquier ramos hacia las comunidades y que esa combinación produzcan agentes de transformación que hagan historia, no que la interpelen para el beneficio de unos cuantos, de los deseos del capitalismo, sino de los procesos de paz y esperanza que urgentemente se necesitan en la periferia de las naciones y que en algunos casos, el solo pronunciamiento de las palabras podría generarnos una utopía de cientos de décadas. Desde ahí, Nacho, Nachito, nuestro Nachito habla, critica y se entrega…

Después de tanto la figura de Ignacio Martín-Baró se muestra ante nosotrxs bajo una visión de que una psicología crítica y reflexiva, de carácter científico, investigativo y comprometida con las comunidades es posible. Basta salir una rato al delirio de la realidad y buscar, entre los escombros de la indiferencia, el reclamo constante y sonante de los individuos que luchan por mundos mejores, fáciles de habitar donde la mayor ocupación se concentre en la felicidad, en la paz y no en la adquisición y acumulación de capital cueste lo que cueste  y sobre quien sea, al final la praxis psicosocial es también un acto político que segrega interés públicos y privados, donde estos últimos se encuentran protegidos por las ganancias a costa de la explotación de los trabajadores y la pérdida de su futuro. La tares suena monumental más no imposible. La nostalgia de no tenerlo con nosotrxs se hace presente, pues falta de su consejo, su guía cuando nuestras manos y nuestros labios titubean al unísono y, sin embargo, ronda un hálito de esperanza cuando cada tanto en tanto una memoria se construye, se vive, se disfruta y tiende a reproducirse como diría Galeano “en un mar de fueguitos”. Eso termina por reducir esa pena ubicada en cada uno de nuestros recuerdos. Termina por recordar que la lucha por la construcción de sociedades inclusivas, equitativas, participativas, responsables, concientizadoras es una tarea que depende exclusivamente de los deseos y anhelos de las comunidades y quien acompaña en los procesos comunitarios.

Por eso hoy, en este día nostálgico (válido para cualquier geografía, invalido si esa pena nos detiene en un estado de catatonia donde lo importante será el recordar por recordar), a pesar de la sensación de ausencia, construiremos, como siempre una luz en resistencia liberadora capaz de empatizar, transformar, concientizar, empatizar y de recordar en tiempos donde la voluntad de intentarlos casi, ha dejado de existir. Hoy, será un día para saber que Martín-Baró siempre estará rondando en una vigilancia constante al espíritu que discente, se multiplica, critica y actúa como piensa. Hoy es un día para compartir espacios de recreación y de conciencia. Hoy es un día para sabernos pertenecientes a una determinada zona geográfica rica en cultura, en tradiciones, en memorias. Hoy es un día por Martín-Baró.

Daniel Sixtos

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