EN EL TIEMPO DE LAS MASCOTAS

Daniel Sixtos

Tic Tac, el corazón avanza dentro de lo inhóspito de la jungla asfáltica, Tic tac, los olores y sabores de un gourmet social cuyo ingrediente principal es el olvido. Tic Tac, los que murieron y jamás tuvieron abogados para su defensa. Tic Tac, las patadas que  golpean la realidad y hieren el alma de la comunidad. Tic Tac, vivir en alerta constante sin cariño, sin comida, sin amor…

Sonaba el despertador alrededor de las seis, sabía que la entrega del artículo sobre la campaña #DejandoHuellas no debía esperar. En tanto, el ambiente álgido de la mañana arropaba mi piel, el humo del té despertaba lentamente mis retinas y abría mis oídos. Al lado del escritorio, mi viejo amigo Jack haciéndome compañía. Trataba de recordar, mientras lo o18699890_1952010838415715_7035962703902970221_nbservaba, algún momento donde deseaba no tenerlo a mi lado. No lo encontré, quizás porque uno aprende a amar, porque nos enseñan cómo hacerlo o, simplemente como decía mi abuela: “lo único descorazonado en ti es tu juanete”. Sea como fuere opté por lo primero, puesto que ella no conocía de mis errores, de mis culpas y remordimientos y, si lo supiera ¿Qué diría? Me entretuve con esa idea durante un rato mientras mi viejo amigo, en ese estilo tan suyo, se colocaba boca arriba con una elegante pereza y un sonido abominable de los ronquidos de un sueño apetecible. Me dio envidia. ¡Eureka! Ahí estaba mi tema, con el que me idolatrarían, recibiría muchos “laics” en Face, me darían el premio nobel (si se lo dieron a Obama…) y me compraría una nueva taza porque ésta despostilla los labios sensuales de quien escribe. Volviendo a ese tema de la argumentación que visualicé, estaba claro: Jack tenía todas las comodidades, pocas o muchas, con así que contaba, pero había algo que nunca le faltaría, una educación adecuada, el respeto de nuestra familia y juego, muchísimo juego. Ahí, él podía diferenciarlo de otros perros que en su desfortunio habían caído en otras familias donde la planificación al mediano y largo plazo nunca había sido debatida. En ellas, fueron abandonas decenas, por no decir cientos o miles de mascotas a su propia suerte. Como si el ser animal dictaminara una sobrevivencia ante la incapacidad de quien se dice racional. Miles de pretextos sirvieron como cuchillada para ahogar el grito de indiferencia ante ellos: “ya no puedo mantenerlo”; “Soy alérgico a su pelo”; “Ensucia mucho”; “Nos vamos a mudar”; “Vamos a tener un(a) hijx, etcétera. Al mirar a Jack recordaba los cientos de perros que inundan nuestra cotidianeidad; aquéllos que sufren un maltrato constante, maltrato del más de los inverosímiles hechos que pueden realizarse contra los indefensos, el olvido como arma de destrucción masiva de las sociedades, en fin, contemplaba que, a pesar de tan cálido hogar en el que se encontraba Jack, la podredumbre no era indiferente…

Tic Tac, se detiene el tiempo y mira el resplandor de la vida. Tic Tac, miradas por doquier que no encuentran otro par de cristalinos por donde asomarse. Tic Tac, la hora postrera donde el tiempo corroe las sensibilidades. Tic Tac, avanzan los pies, avanzan las patas pero unas y otras se esquivan como si se tratara de esconderse para perderse en la eternidad. Tic Tac, ellos avanzan buscando encontrar, las personas encuentran buscando olvidar.

…Y no era indiferente porque cuando comenzamos a realizar nuestra campaña en un ejercicio teórico-práctico, muchas veces tuve que voltear al espejo de la introspección, tratando de analizar mis hechos y encontrar justificaciones siempre banales. No, no podía hacerle eso a quienes tuve el privilegio de acompañar. No podía palidecer el recuerdo de quienes sin hablar, daban lecciones tras lecciones de vida, amor, de diversión. No podía, ni debía tentar contra la suerte, puesto que es de un temperamento hostil y no perdonaría mi tartamudeo cognitivo cuando en nuestra vida cotidiana la vida importa si aporta un valor adicional a nuestras vidas. Suspiraba en ese lamento mientras el té pasaba por su fase de consolidación, desprendiendo ese aroma concentrado de las cosas que uno disfruta. Ahí donde habían pasado muchas vidas, donde el abuelo y la abuela habían sembrado con sus actos la semilla de la sensibilidad ¿Cómo explicar a las futuras y futuros que un día sabiéndolo se aparentó y se omitió por pena, por incapacidad, por temor? Recordaba la primera vez de una agresión hacia un animal y también venía a mi mente el recordatorio del dolor que conlleva la resistencia. Los golpes fueron lo de menos, lo que no se pudo hacer fue, quizás, lo que a un viejo corazón le toca sus sensibilidades en tono de arritmia.

Pasaban en algún canal de Youtube la exhibición de abandono de una familia hacia su mascota. Ahora lo recuerdo, en ese momento la confrontación entre ambas partes me sumió en un profundo trance de los sueños de fantasía, donde nuestra lucha siempre fue la organización, la resistencia ante una postmodernidad que jugaba a la tibieza de opiniones y de bandos. Mientras una parte pugnaba por la venta de todo lo que contara la persona, aprendíamos a concientizar, en nosotrxs mismxs, ese valor del respeto, la crítica hacia la mercantilización de la vida, la venta de irrealidades con el fin de la satisfacción  parcial y momentánea de felicidad, la complejidad de sectores de sumarse, pero más allá de la fatídica operación, de solidarizarse con la garante de que ese futuro pudiera ser lo menos agresivo del por sí pronosticado. Una lucha ante el embate sobre la diafanidad de la vida que cada día se cobraba la desintegración familiar, acrecentaba y acentuaba la pobreza, volvía natural la marginación y la protesta la volvieron la maldición de la conformidad de “los haraganes”. Pero esa resistencia, esa crítica constante ante un sistema económico-político permitió y solapó muchas actividades al margen de la ley ¿Cómo pensar que una sociedad pudiera permitir el prenderle fuego a cualquier animal, colocar explosivos en el cuerpo de los animales, torturarlos como medida de expresión emocional? Por supuesto que hubo algo que tronó en el interior de la sociedad, de su representación que la conformaba en la interrelación, en su crecimiento y precisamente detonó enCharla Comunitaria Toño el instante en que el Estado perteneciente a cada país, analizó que la acumulación de capital proliferaría en tanto que la esclavitud del trabajo pendiera de la ignominia de los derechos del y la trabajadora. Ahí, en ese supuesto se permitieron las ultrajanzas de vida y con ellos, la desestabilidad familiar con la condición de proveer nuevos modos de status cotidianos, un símbolo representativo de que ante la carencia de libertad plena se complementaba con la adquisición de bienes materiales en una compensación peligrosamente dañina. Y con ellos, el abandono del hogar, la crianza quedaba rezagada, el diálogo olvidado y se formaron generaciones que tuvieron que aprender, desde muy chicos a cuidarse o sobrevivir en sociedades bananeras…

Tic Tac, se prende el humo de un futuro incierto. Tic Tac, el timbre se ha tocado pero nadie se asoma. Tic Tac, el tiempo siempre cobra las facturas y vuelve las cicatrices en remanentes. Tic Tac, miradas invisibles que necesitan caleidoscopios descompuestos para observar la realidad. Tic Tac, las manos que se volvieron represoras porque nunca estuvieron dispuestas al diálogo. Tic Tac, de quienes crearon monstruos sociales y hoy están sueltos…

 

Fueron pocos muy pocos, los momentos en que se ha conseguido algo permamente en medidas de prevención en el maltrato animal. Algunos culpan a los colectivos de rescate animal por no llevar protocolos legales de seguimiento y observación sobre las mascotas que dan en adopción (porque dar en adopción nomás por que sí tampoco), otrxs culpabilizan a las familias y sus crías crecidas como animales, perjurando que la humanidad es lo peor que pudo haber existido (claro, me declaro un Chtullu disfrazado de humano). Pero ya mencioné, en tanto que ese té se ha vuelto claro y su temperatura disminuye ante cada párrafo, que organizar la lucha es necesario contra un enemigo común. Aunque también está la pregunta al aire ¿Cómo desarrollar modelos de concientización? ¿Quiénes participan en ese proyecto? Gracias a las redes sociales nos podemos comunicar en la separación física pero no consciente con decenas de compañerxs desde otras latitudes y, en sus luchas, nos reconocemos con un deber y objetivo común: transformar nuestras realidades. Pero esa conciencia debe de salir a las calles, debe de hacer un trabajo de campo, un proceso de participación conjunta, con las comunidades en una vanguardia que permita modificar las condiciones de opresión, alineación y, sobretodo, dignificar la vida animal como parte de un mismo ecosistema, como parte de un Abya Yala como dicen los pueblos originarios. Pero esa lucha, desde diferentes frentes pugna por la intelectualidad caminando no desde las redes, no desde los pretextos agrietados del desconocimiento, la inconformidad o por culpa del espacio o tiempo o por animaciones esquizofrénicas como obstáculos o pretextos. Por mucho, poco, con todo el tiempo, con tiempo reducido, siendo profesionales, o sin serlo, pero con sentido de que algo va mal, está mal y necesita que ser transformado, con ese espíritu de lucha se encuentra que antes de hablar de transformación, de hacer la revolución lo que se necesita es un proceso educativo constante. En ella nos graduamos desde las humanidades conscientes de nuestros actos, presentes de nuestros errores y con la capacidad de transformar las sociedades.

Casi acabo con el escrito, siento que he dicho mucho y en ese contenido nada o poco queda establecido. Quizás, evitando la horrorosa antromorfización de la que somos presas, sea el sentimiento que no se expresa pero se observa en nuestras mascotas cuando nos comportamos como el reflejo de una sociedad cancerígena. Nuestro recorrido es aún muy pequeño, nuestras ideas no están exentas de errores o pretextos de cambiar de actividad. No,Campaña Dejando Huellas jamás lo haríamos, pero sí es el tiempo de las batallas conjuntas, desde los que sin tener mascotas también toman suya la bandera de la vida de todxs los que en dos o cuatros patas o con alas o con branquias o de la forma que sea viven y tratan de adaptarse los unos a los otros. Pero esa adaptación no debe de pasar para quienes viven con una mascota como exclusividad social. Ahí comienza la diversificación que al capital tanto le gusta. Cuidado cuando la excusa para el ataque sea la maldición hacia quien en su vida ha vivido bajo las leyes de la indiferencia y el individualismo. Esperemos nunca ser presa de tan abominable acto. Pensar en colectivo significa pensar empáticamente en la realidad del otro, en sus aspiraciones y complejidades. Actuar en colectivo es respetar la forma del otro y actuar para que su futuro sea tan honesto como el que más. Trabajar en colectivo significa trabajar en las realidades complejas y no la simulación de la actuación o en el fatídico intento de salir bien en la foto. Compartir con la comunidad empieza invisibilizado todo lo que está mal y teniendo el espíritu de afrontarlo sea quien lo haya dicho o actuado.

Jack se ha despertado, no necesita decirme nada. Se ha sentado en la puerta de la recámara. Quiere tomar agua y comenzar su día. Jamás me lo agradecerá, nunca me dedicará poemas ni palabras amorosas. No me felicitará en mi cumpleaños, ni me preguntará ¿Te caliento tu té? No importa; su vida como la mía son el exiguo fugaz momento compartido. Nuestras vidas se cruzaron y aprendimos a vivir el uno al lado del otro. Aprendimos que la compartición no debe de excluir el actuar del uno por incomodidad del otro. Él no sabe de nuestra campaña comunitaria, no sabe que lo hacemos pensando en muchos de sus camaradas. Jamás apareceremos en sus programas caninos de televisión. No me felicitará con postales en invierno. Nada de eso importa. El crecer a su lado en todos los sentidos me recuerda que hace mucho, muchísimo dejamos ver las estrellas porque perdimos la capacidad de asombrarnos. Algún día, en otra vida, en otro sitio y otras personas, habrán de leer las balbuceantes palabras de quienes viviendo en medio del caos encontraron la calma de quien menos lo imaginaban: nuestras mascotas…

Tic Tac, el reloj se ha detenido, la vida parece menos cuerda y mayormente delirante. Tic Tac, la niebla se disipa y por increíble que parezca en el otro mi rostro presente. Tic Tac, algún día dijeron que volveríamos y seríamos millones, aún somos cientos pero todos los días, otras llamitas se nos unen. Tic Tac, otro día para hacer lo imposible ha comenzado. Tic Tac, el frío desentumece las memorias y el sabor amargo aferra la historia. Tic Tac, es el tiempo, el momento ha comenzado. Tic Tac, los animales se han unido, un hecho para repensar. Tic Tac, es el tiempo, nuestro tiempo. El inicio está presente…

 

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