Saudade: Andares
Andares
La vida es una aventura de vueltas y memorias, de caminatas extensas a través de diferentes paisajes que retratan a las personas y su fotografía en su andar.
Esa aventura es, como lo expresó el gran poeta Amado Nervo, no solo de noches serenas, sino también, noches de penas. Hay momentos maravillosos que deseamos compartir con nuestros seres queridos y atesorarlos por toda la eternidad; fijamos nuestros ojos en la sonrisa de aquellos que pintan de felicidad nuestros paisajes, las palabras que salen de la boca y forman el marco de la pintura que atesorará la memoria y, cada detalle, por minúsculo que sea, nos recuerda la expresión de lo hermoso que puede ser transitar por la vida en la compañía de los que más amamos.

Aún así, la vida tiene tantos rostros por mostrar que hay algunos que duelen, lastiman, pero sobretodo uno no entiende por qué, no hay palabras para describir de lo que podemos ser capaces en un momento dado en nuestra cotidianidad, de lo que un core ´ngrato (corazón ingrato) es capaz de hacer.
Caminaba por uno de los grandes llanos abandonados existentes en la Guadalupana junto con dos de mis perritas, nuestra caminata con la cuál despejamos un tanto la mente y nos permitimos otear el futuro. De pronto, las perras detienen su caminar, olfatean, algo no anda bien. Al paso del tiempo me he convertido en el aprendiz de su lenguaje que no habla, pero dice mucho; no avanzan, siguen oliendo, han detectado un olor y desvían su camino hacia otro sendero. Antes de seguir su camino, alcanzó a ver un movimiento entre la gran maleza que ha crecido de unas ramas que sería imposible que el viento moviera solo unas cuantas. Algo anda mal. Tomamos el otro sendero y al llegar hacia un punto del terreno apartado y cubierto por la maleza, las perras tienen un caminar de lentitud y de nerviosismo, encontraron algo….

Desde hace quince años elegí un camino que me apasionó porque podía ayudar a las personas en momentos de penuria cuando la mente nos mete en recovecos difíciles de descifrar. En los años de estudiante la pregunta de cliché era “¿Por qué las personas se comportan de una manera en particular?” “¿Qué los motiva?” “¿Son racionales o impulsivos?”. Cada actividad de las materias era un paso más para intentar comprender un poco de las insinuantes preguntas que nos hacíamos. Al final, encontrábamos un poco de consuelo en la ayuda de los libros, de profesores y pensábamos “¡Hey, tenemos la respuesta para nuestras preguntas!”. No es sino cuando uno crece que se da cuenta de lo infantil que es uno y de lo que la vida nos tiene preparados. En la práctica terapéutica comprendí mucho más a fondo de lo equivocado que estábamos, pero también del aprendizaje que no termina y está presente en formas muy extrañas.
Cuando alcance a ver que era lo que había puesto en alerta a mis perras, sentí una sensación desconcertante: miraba para todos lados, pensando que tal vez alguien la había dejado ahí por un momento y volvería prontamente. Pienso, que trataba de convencerme de que así era. Cuando salí de mi ensimismamiento de pensamiento sentí un profundo coraje, frustración y unas tremendas ganas de encontrar un barco que me llevara hacia los mares del sur, lo más alejado de ahí para no contemplar lo que la pintura humana regala en una tarde lluviosa de invierno: una perrita amarrada a una banca y abandonada a su suerte, que en términos generales no era mucha, una muerte segura y cruel sin poder defenderse, un acto simbólico que expresa el desprecio por la vida, en cualquiera de su formas y la imagen que nos recuerda los grandes problemas psicosociales relacionados con la violencia.

Opté por comunicarme con mi madre para que me ayudara y pensáramos en hacer algo, menos cruel y más empático con una vida, con un ser vivo, con un ser que siente y piensa y tiene miedo y no entiende qué carajos debió de hacer a tan corta edad para tener un final tan abrupto.
Dejaremos otros versos para después, por ahora contaremos que la perrita está en fase de recuperación: la encontramos en los huesos, hay que cuidarla y que recupere fuerzas y energía para seguir viviendo, así como seguir con su proceso de vacunación para que esté lista para encontrar un nuevo hogar. Y nosotrxs, les pedimos a ustedes, que leen esto, que nos ayuden a encontrarle un lugar a esta pequeñita de no más de 4 meses, un hogar cálido, de personas que le brinden, cuidado, educación, seguridad, afectividad y deseen escribir un capítulo mejor y de buena fortuna en la vida de esta perrita.
Ponte en contacto al número 5539772754 o al 5531002248 así como al correo cecomad@gmail.com por si deseas adoptar a la perrita.



Gracias por su tiempo, su lectura, su empatía y su compartición.
